Homenaje al androide nº 16




POR IGNACIO PANTOJA

Fuente: Autismo en vivo | 30/06/2021

Fotografía: Pixabay



De los muchos, muchísimos personajes con rasgos TEA que hay en el mundo del manga, si hay uno que me haya llegado especialmente al corazón es el androide número 16, pues nunca tuvo un nombre propio.


Los androides fueron creados en la serie Bola de Dragón como máquinas para matar a Son Goku y vengar así la derrota del ejército de la cinta roja, con lo cual nuestro protagonista en este texto comienza su andadura como antagonista.


Pero el curso de la aventura nos muestra otras cosas, un compañero de los mellizos A-17 y

A-18, muy silencioso, tímido, que solo hablaba cuando tenía algo que decir, que prefería los animales a las personas y la soledad.


Nunca utilizaba la violencia, salvo en casos extremos y en el caso de último fin que era acabar con la vida del protagonista de la serie, objetivo que llevaba muy en la mente, su única misión.


Desgraciadamente no tuvo suerte, ni en sus objetivos ni en su corta vida, acabó perdiendo a sus compañeros de viaje por el bioandroide Célula y asesinado de manera cruel e injusta por éste en el Juego de Célula, siendo, sin embargo, decisivo para la trama.


Desafortunadamente, Toriyama se olvidó completamente de él, lo que le hizo ser uno de los personajes más desafortunados y desgraciados de toda la serie, pues cuando acabo Célula de ser derrotado, pidieron al dragón sagrado que resucitase a todos los muertos, sin tener en cuenta que él, al ser un androide carecía de alma y, por tanto, no podía volver del mundo de los muertos.


Tuvieron la oportunidad de que, en el segundo deseo, poder reconstruirlo, lo que hubiese sido una especie de resurrección, pero el autor no quiso saber nada de él y lo dejó para siempre en el limbo.


Por ello, es uno de los personajes de manga con los que me siento más identificado, por su nobleza, su bondad, su sentido del deber, su búsqueda de la soledad y su marginación, incluida la del propio autor de la serie.


Por ello quería dedicarle este pequeño homenaje: ¡Larga vida a C-16!




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