Más allá del bullying: rechazo, provocación, etc. (I)




POR JORDI PERA SEGARRA

Fuente: Autismo en vivo

Fotografía: PixaBay

Barcelona, 17/07/2020


Se habla del bullying como fenómeno a erradicar, que tiene como víctimas los jóvenes con características o actitudes diferentes a las de la mayoría, como los TEA. Sin embargo, también existen otros fenómenos perturbadores menos notorios que pueden causar graves problemas.

Primero de todo, veamos la definición de bullying. Según la Wikipedia, bullying es el uso de la fuerza, coerción o amenaza para abusar, dominar agresivamente o intimidar. Se trata de un comportamiento repetitivo. Un requisito esencial es la percepción (por parte del agresor u otros) de un desequilibrio de poder físico o social. Este desequilibrio es el que distingue el bullying del conflicto. El bullying es una subcategoría del comportamiento agresivo caracterizado por lo menos por los siguientes trechos: desequilibrio de poder, propósito hostil y repetición a lo largo de un cierto periodo de tiempo. Se trata de un comportamiento repetitivo y agresivo con el propósito de herir a otro individuo de forma física, mental o emocional.

Sin duda ésta es una definición bastante amplia que engloba también las agresiones verbales, pero no incluye muchas otras formas de herir a la víctima, más propias de una guerra psicológica, que puede llegar a ser muy sutil, pero tan dañina como la que más, habida cuenta que las personas con TEA, precisamente por la acumulación de experiencias negativas de este tipo, tienden a ser más susceptibles, en la medida que tienen traumas o heridas emocionales no resueltas.

La condición TEA genera mucho rechazo por parte de quienes no la comprenden, pero también por parte de quienes la comprenden, pero carecen de sensibilidad. El rechazo a la diferencia parece ser inherente a la condición humana en su versión más básica y abundante. Es especialmente notoria en la etapa adolescente y también, pero progresivamente algo menos, en las etapas posteriores de la vida, la tendencia de muchos a juntarse con el ganador, el líder y buscar la seguridad que aporta el grupo por encima de muchas otras consideraciones relevantes, como es el respeto a la diferencia en todas sus formas, ya sea la discapacidad, el origen cultural, las creencias, la orientación sexual, la ideología, la raza, etc.

La inseguridad personal está en el origen de muchos comportamientos negativos y consecuentes conflictos, en la medida en que lleva las personas a priorizar la pertenencia al grupo por delante de cuestiones éticas, y empieza en la adolescencia, cuando la inseguridad es mayor, se es más influenciable y rebelde, se tiene menos claro lo que está bien y lo que está mal, y se está formando su nueva identidad, que tiene el grupo como referente.

Es, en este contexto, que los diferentes no encajan con los estándares marcados por los líderes del grupo, muchos de los cuales tienden a ser, por lo menos, algo excluyentes. Ahí empieza todo, y solo a medida que las cosas van empeorando, el líder pierde seguidores o hasta puede sufrir algún revés importante. Pero, excepto en los casos de los buenos líderes que predican con el ejemplo del respeto y la integración de la diferencia, siempre hay unos cuantos excluidos o auto-excluidos del grupo, que son las víctimas propicias del bullying y otros comportamientos hostiles.


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