Sí, ella tiene autismo




POR GABRIEL MARIA PÉREZ

Fuente: Univers Àgatha | 11/04/2021

Fotografía: Pixabay



Ha pasado el tiempo, han pasado unos cuantos años.


Al principio todo fue duro, muy duro. Ver como uno de tus hijos no evoluciona en su crecimiento, sobre todo psíquico, como no sigue la estela de sus hermanos predecesores, te va golpeando y dejando una marca de no querer creer en ello y, por tanto, de no poder ni siquiera pensarlo. Tu subconsciente sabe que es una realidad, sobre todo cuando después de unos primeros momentos, que posteriormente se convierten en meses e incluso años, te das cuenta que realmente es cierto, que hay algo, importante, que no funciona en tu hija pequeña. Luego te decepcionas mucho cuando preguntas y preguntas a los facultativos, le hacen más y más pruebas y no hay manera de que te quieran dar un diagnóstico: ¡qué bueno hubiera sido si este diagnóstico nos lo hubieran dicho mucho antes que después de unos cuantos años!


Y es que tras nuestra lucha diaria, con ansiedades, nervios y contradicciones y un, repito, no querer asimilarlo, tu mente se va diluyendo psicológicamente, y si hubiéramos tenido el diagnóstico mucho antes, la asimilación y el saber hacia dónde tirar (aunque todavía nos cuesta saberlo), quizás nos habría hecho mucho más llevadero nuestro camino con la pequeña. Ahora han pasado veintiún años ya. Ella continúa llenando enormemente de luz el espacio por donde pasea su sonrisa, por donde emite esos pequeños sonidos acompañando canciones melodiosas, por donde pasea su lánguida mirada, reflejos todos de su espíritu absolutamente inocente, plenamente encendido y que lustra ternura viva. No puedo dejar de lado sus instintivos abrazos, llenos de energía y encendidos de fuerza, que te rompen las sombras cotidianas. Y lo mejor es que no se da cuenta del sucio mundo donde estamos todos inmersos, de las pocas ayudas oficiales que reciben, tanto los que tienen su trastorno como en otras discapacidades, del recorte que le han hecho a su prestación, mientras observa cómo nos van robando por todos lados y cómo juegan con nuestras vidas. No, ella no se queja. Ella sonríe. Ella nos mira siempre con una cierta melancolía, y golpea al aire los instrumentos que utiliza para jugar haciendo estereotipias, ajena a todo lo que le rodea. Sí, ella tiene autismo.



Gabriel Maria Pérez

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