Todos para aquí, todos para allí…




POR JOAN GARCÍA

Fuente: Autismo en Vivo | 21/04/2022

Fotografía: Pixabay.com



Las presiones sociales son fatales para los Asperger. Si de hecho gustan a poca gente, para un Asperger son una auténtica tortura y pueden tener serias consecuencias para la salud.


Quien más quien menos vive o ha vivido algo condicionado por las presiones sociales, para hacer lo que está bien visto y sobretodo seguir las dinámicas del grupo, ya sea la familia, los amigos o los compañeros de trabajo. Un Asperger necesita ir a su bola, por lo que las obligaciones sociales le resultan un ahogo psicológico.


Al principio uno acata la dinámica del grupo, en la medida que te educan a hacerlo y quizás ni te planteas hacer otra cosa. Llega un momento en la vida en que te sientes más libre y vas dejando de hacer aquellas cosas que realmente no te apetecen, en la medida que los demás también se sienten más libres y dejan de seguir dichas dinámicas. La sociedad occidental se está volviendo más liberal y tolerante en este sentido.


El problema es que todas estas obligaciones sociales, en algunos casos pueden derivar en auténticos traumas, en la medida que no nos damos cuenta y vamos tragando energía negativa y abnegación excesiva. Aguantar demasiado es insano para la salud mental, que a la postre puede derivar también en enfermedades psicosomáticas crónicas.


Personalmente, recuerdo los momentos de mi vida en que he cortado mis relaciones con los grupos y fueron emocionalmente memorables. Una sensación de liberación que no tiene precio. En algún caso tuvieron una parte triste, en la medida que también tenias cierto afecto con alguna de las personas del grupo. Pero a veces el grupo toma unas dinámicas demasiado “homogéneas”, por así decirlo, en que si eres demasiado diferente te sientes muy incómodo, hasta llegar a ser insoportable.


Personalmente, muchas veces acabo pensando “¡Qué coño hago yo en este mundo!”. La autoexclusión del grupo por cuestiones de bienestar emocional e incluso salud mental plantea muchas preguntas. Afortunadamente, se puede vivir sin pertenecer a grupos con dinámicas fijas o cerradas, en los que uno se pueda sentir más libre.


Pero el grupo confiere también muchas ventajas que es una lástima perderlas. Dejar el grupo es una decisión valiente, pero muchas veces necesaria: es la aventura de encontrar una vida hecha para ti, y no tenerte que adaptar a la que otros han pensado para sí mismos, que poco o nada tiene que ver con lo que tu quieres o necesitas. Todo un reto.

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