Un Asperger en el país de los simpáticos




ANTONIO LOPEZ

Fuente: Autismo en Vivo | 04/11/2021

Fotografía: Pixabay.com



El Asperger en los países latinos se siente como jugando en campo contrario, con el árbitro comprado e incluso las normas perjudiciales a su forma de funcionar.


Los valores de los Asperger son incuestionables y hasta cierto punto admirables, por su sinceridad, integridad y rendimiento en algunas de las tareas encomendadas. Sin embargo, más allá de las valoraciones racionales, los humanos se mueven por emociones más que por valoraciones racionales, y es ahí donde los Asperger tienen las de perder. Por un lado, se dan cuenta que te necesitan y por el otro te marginan e incluso te humillan por tus debilidades, tu rareza y tu falta de habilidades sociales. Ser simpático es demasiado importante para la gran mayoría de los neuro-típicos, en la mayor parte de las sociedades.


Sólo cuando la gente está harta de la informalidad, la superficialidad y la mentira, empieza a valorar de verdad la integridad y la sinceridad como valores prioritarios. Sin embargo, las sociedades menos maduras tardan en llegar a este punto, pues parece que la necesidad de feeling y simpatía sigue siendo decisiva en muchos casos.


En este contexto, el Asperger se siente en condiciones de inferioridad y acomplejado por ello, lo que desgraciadamente le baja la autoestima y le margina aún más. Es por ello fundamental encontrar su nicho o lugar en el mundo donde pueda brillar en su mejor versión, para ser bien valorado, sentirse útil y tener la autoestima lo más alta posible, siempre dentro de lo razonable. No se debe nunca perder la humildad, o sino el tiempo nos va a poner en nuestro lugar, y puede ser doloroso.


Sin duda, por otro lado, uno debe intentar desarrollar las mínimas habilidades sociales para conectar mínimamente con los demás, aceptando que probablemente nunca llegará a ser tan simpático como el que más. Al fin y al cabo, son unos pocos los que destacan realmente por su simpatía. Simplemente son injustamente admirados. Se sobrevalora la simpatía. Pero las personas más maduras saben apreciar los valores más profundos y relativizan o minimizan los valores superficiales. No por ello vamos a estigmatizar los simpáticos como superficiales, pero si es cierto que su simpatía les sirve ya para ganarse la estima de los demás de forma excesivamente fácil, y sienten menos necesidad de hacer aportaciones de valor más profundo o fundamental.

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