Una mirada a la conexión entre el agua y el autismo




POR CHRISTOPHER BLOH

Fuente: Autism Parenting Magazine | 18/01/2022

Fotografía: Pixabay.com



Es una creencia común en la comunidad de TEA que los niños con TEA "aman el agua"


Es una creencia común en la comunidad de TEA que los niños con TEA "aman el agua". Aunque esto podría ser una afirmación demasiado generalizada, los cuidadores comparten, bloguean y publican con frecuencia comentarios en la web relacionados con el agua.


Se publican con frecuencia anécdotas como "abre repetidamente los grifos para ver correr el agua, pero no se molesta con el agua en un cuenco", "se echa agua encima de sí mismo y de su hermana", "puede pasar horas en la bañera y a menudo se le encuentra jugando con la manguera", "le encanta hacer cascadas y piscinas" y "cualquier cosa que esté cerca del agua se dirige directamente a ella" (asd-forum.org.uk, 2008).


El interés por el agua puede ser común entre las personas con TEA, pero ¿qué tipo de agua? ¿Se trata de agua estancada, fluyendo, goteando o nadando?


¿Y los baños y las duchas? Según los comentarios personales de los cuidadores (bbc.uk.org), los baños pueden ser atractivos, ya que el agua se puede manipular. No necesariamente por higiene, un baño puede ser una oportunidad para ver cómo se mueve el agua y capta la luz. Las duchas, sin embargo, pueden ser totalmente diferentes.


Los cuidadores a veces se oponen a ducharse porque puede ser demasiado ruidoso, y las gotas de agua pueden sentirse como "aguijones" o "pelotas de golf" en la piel (themighty.com, 2016). En cuanto a abordar esta oposición, no parece haber una plétora de pruebas empíricas dirigidas específicamente a la ducha/baño.


Esta conducta adaptativa se incluye habitualmente en las intervenciones con otras actividades relacionadas con la higiene, es decir, el lavado de manos, el cepillado de dientes, etc. (Veazey et al., 2016). Esto puede no ser sorprendente teniendo en cuenta que Pituch et al. (2011) encuestaron las prioridades de tratamiento de los padres, y la higiene no figuraba entre las diez primeras.


Según el DSM 5 (Asociación Americana de Psiquiatría, 2013), los criterios de diagnóstico para el TEA varían desde déficits en la comunicación e interacciones sociales hasta patrones de comportamiento restringidos y repetitivos. ¿Ayuda esta última descripción a explicar las posibles predilecciones por el agua?


Dentro del diagnóstico bajo "patrones de comportamiento restringidos y repetitivos" hay dos calificativos que son plausibles: "intereses muy restringidos y fijados que son anormales en cuanto a su enfoque o intensidad" e "hiper o hipo reactividad a la entrada sensorial o interés inusual en los aspectos sensoriales del entorno".


¿El movimiento del agua y/o el reflejo de la luz en ella pueden reforzar la "fascinación visual por las luces o el movimiento", identificada como característica conductual en el diagnóstico? Tal vez la necesidad de estimulación sensorial podría llevar a las personas con TEA a participar en la fluidez (juego de palabras) del agua en movimiento.


Numerosos estudios han sugerido los beneficios de la natación para las personas con TEA, como la mejora de las habilidades sociales (Mortimer et al., 2014; Pan, 2010), la mejora de las respuestas emocionales (Caputo et al., 2018), la aptitud física (Yilmaz et al., 2004), la autoestima (Napolitano, 2017) y las habilidades motoras (Farnaz et al., 2015).


Si bien el interés inherente por el agua junto con los beneficios potenciales del ejercicio acuático tiene un atractivo, no está exento de una advertencia. Guan y Li (2017) concluyeron que los niños con TEA tenían 160 veces más probabilidades de morir ahogados que sus compañeros neurotípicos.


Si se une la tendencia a fugarse de los entornos supervisados con el interés por el agua, la incapacidad de navegar con seguridad por el agua podría suponer una amenaza importante. Los últimos autores (Guan y Li, 2017) recomiendan clases de natación tan pronto como se haga el diagnóstico de TEA.


Otros autores coinciden en la necesidad de entrenar habilidades de seguridad en relación con la natación (Alaniz et al, 2017; Lepore et al., 2007; Levy et al, 2017). Se recomiendan precauciones adicionales para la supervisión activa cerca de cuerpos de agua para evitar que los niños con TEA deambulen.


Mientras que los cuidadores pueden compartir libremente los comportamientos de sus hijos en el agua (no para la higiene), no se difunde mucho sobre las precauciones sensoriales, es decir, tapones para la nariz, tapones para los oídos, equipo de privación sensorial, etc. Además, los cuidadores han informado que la textura del traje de baño y los gorros de baño pueden ser barreras potenciales para esta actividad (Duquette, 2016).


Al igual que cualquier niño con un desarrollo típico, los que tienen sensibilidad en los ojos, los oídos y la nariz podrían tomar precauciones similares, aunque la tolerancia al uso de estas modalidades sensoriales variará según las personas.


¿Qué pasa con las personas con TEA que tienen miedo al agua? ¿Es algo común o tan común como que las personas con TEA tengan interés por el agua? Las fobias no se limitan a la población con desarrollo típico. Por ejemplo, las investigaciones sugieren que las personas con TEA muestran más miedos y fobias que las personas con otras discapacidades del desarrollo o los compañeros con desarrollo típico (Lydon et al., 2015).


Esto puede no ser sorprendente si se tiene en cuenta que las personas con TEA pueden ser más sensibles a los estímulos ambientales. Además, parece haber una mayor variedad de estímulos que podrían provocar miedo, siendo el agua una fuente de miedo en algunas personas con TEA (Davis et al., 2007; Love et al., 1990; Rapp et al., 2005; Volkmar & Cohen, 1985). El interés por el agua no puede generalizarse a toda la población de personas con TEA.


Las investigaciones mencionadas anteriormente sugieren los beneficios de la natación para las personas con TEA. Considerando que la literatura también sugiere la posibilidad de que el agua sea aversiva, ¿cuáles son las opciones para abordar esta aversión? Davis et al. (2007) combinaron la terapia cognitivo-conductual y los métodos analíticos conductuales para disminuir la ansiedad al agua.


Love et al. (1990) implicaron a los cuidadores y les hicieron modelar el acercamiento a la fuente de agua y vocalizar la falta de miedo. Otra intervención para abordar la evitación del agua consistía en reforzar la entrada de la persona en varias profundidades del agua (Rapp et al., 2005). Actualmente, existen algunas investigaciones; desafortunadamente, parece haber una escasez de métodos empíricamente validados para abordar la fobia al agua con personas con TEA.


¿Por qué? ¿Es porque el miedo al agua no parece ser una prioridad en el tratamiento del TEA? Quizás el miedo al agua no es algo que se desaconseje activamente entre los cuidadores. En vista de que deambular lejos de la supervisión es la actividad más reportada antes de los incidentes de ahogamiento para aquellos con TEA (Guan & Li, 2017), el desaliento del cuidador es plausible.


Entonces, ¿qué se debe hacer con el potencial de las actividades acuáticas? ¿Animar? ¿Desalentar? ¿Permitir? ¿Permitimos que el niño juegue con el agua de forma diferente a sus compañeros de desarrollo típico? ¿Cuánto tiempo debe permitir el cuidador que el niño con TEA juegue en la bañera? ¿Cuándo consideramos que el niño sólo se está divirtiendo en lugar de tener un comportamiento autoestimulante? Si está poco estimulado, ¿el agua le ayuda? ¿Qué hay que hacer?


Hay un aspecto que deja poco espacio para el debate: la seguridad. Si hay un interés remoto por el agua, se recomiendan clases de natación junto con una supervisión activa cuando esté en el agua o cerca de ella. Las actividades acuáticas de ocio también pueden servir para fomentar el agua para la higiene.


Si la persona con TEA tiene problemas de sensibilidad relacionados con la ducha, los baños podrían ser una opción permitiéndole verter el agua sobre sí misma para enjuagarse. Si verter el agua no es una opción, los cuidadores podrían permitirle controlar el vertido (cuánto tiempo verter, cuándo empezar, el tipo de recipiente que contiene el agua, etc.). Si el vertido es demasiado ruidoso, los tapones para los oídos son una opción.


¿Y si tiene un comportamiento autoestimulante con el agua? Una opción podría ser permitirle un "tiempo de agua libre" en su horario, avisándole con antelación con indicaciones vocales y visuales. Además, proporcionar avisos de tiempo (recordatorios vocales, temporizador de cuenta atrás) restante para esta actividad para notificar su conclusión y la transición a otra.


Entonces, en cuanto a la proclividad común de las personas con TEA a sentirse atraídas por el agua, ¿puede considerarse un "hecho"? Debo diferir y sugerir que nada es un hecho. Independientemente de las capacidades y discapacidades, un individuo es único y debe ser contratado como tal.



Referencias


Alaniz M.L., Rosenberg, S.S., Beard, N.R., & Rosario E.R. (2017). The effectiveness of aquatic group therapy for improving water safety and social interactions in children with autism spectrum disorder: A pilot program. Journal of Autism and Developmental Disorders, 47, 12, 4006-4017.


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Duquette, M.M., Carbonneau, H., Roult, R., & Crevier, L. (2016). Sport and physical activity: Facilitating interventions with young people living with autism spectrum disorder. Physical Activity Review, 4, 40-49.


Farnaz, T., Azar, A., & Sohayl, D. (2015). The effect of basic swimming skills training on gross motor skills in autistic children (7-11 years old). Development and Motor Learning (Harakat), 7, 2, 171-185.


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Yilmaz, I., Yanardag, B., Birkan, B., & Bumin, G. (2004). Effects of swimming training on physical fitness and water orientation in autism. Pediatrics International, 46, 5,624-626, 2004.


Este artículo apareció en el número 104 -Estrategias de transición para niños con autismo: https://www.autismparentingmagazine.com/issue-104-transition-strategies-for-kids-with-autism/


https://www.autismparentingmagazine.com/connection-autism-water/

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