¿Mala intención? No, mala intuición, mala interpretación! (I)




POR JORDI PERA SEGARRA

Fuente: Autismo en vivo / Barcelona, 17/07/2020

Fotografía: ABC.es

Los Asperger son víctimas de su forma diferente de entender las relaciones humanas y el funcionamiento de todas las cosas en general. Por más que sus intenciones tienden a ser buenas casi siempre, su comportamiento no se comprende y se malinterpreta a menudo.

Los códigos sociales Asperger son en su naturaleza bastante distintos a los neuro-típicos, lo que lleva a los jóvenes Asperger y a los adultos menos adaptados a sufrir malos entendidos continuamente, tanto cuando ellos interpretan erróneamente las intenciones de los neuro-típicos como cuando los neuro-típicos interpretan equivocadamente las intenciones de los Asperger. Y como no, los que están en minoría son los más perjudicados por el malentendido.

Hay varios casos típicos que pueden servir para ilustrar el mal entendimiento entre los Asperger y los neuro-típicos. Del lado Asperger, es habitual que no saluden a los demás, que no miren a los ojos, la falta de una actitud empática cuando alguien sufre un problema, el no querer asistir a reuniones sociales, o la excesiva sinceridad que ofende al otro. Todas ellas son, obviamente, consideradas actitudes antisociales que se interpretan en clave de antipatía o incluso hostilidad en algún caso.

Nada más lejos de la realidad. En el caso de no saludar o no mirar a los ojos, un Asperger se comporta de esta forma por su timidez acusada, o en el caso de no saludar simplemente no entiende la necesidad de hacerlo, por considerarlo una acción superflua y sin sentido. La falta de empatía se puede deber a la incapacidad de entender las emociones del otro o, simplemente, pensar que el otro quisiera que lo dejaran en paz si está triste, en la medida que el Asperger quiere precisamente esto, estar solo y que le dejen en paz, cuando está triste o necesita resarcirse de un problema emocional.

La no asistencia a reuniones sociales también se interpreta frecuentemente como una actitud poco amigable, mientras que, en realidad, el Asperger sufre de estrés y cansancio social en lugares con mucha gente, además de aburrirle enormemente la mayor parte de las conversaciones que allí suelen tener lugar. Por último, la excesiva sinceridad o franqueza se debe al déficit de inteligencia emocional que algunos Aspies tienen, que no son conscientes de que la verdad pueda doler o tener alguna connotación negativa: la verdad siempre es buena y la mentira siempre es mala.

Con el tiempo, un Asperger aprende estas diferencias de código social, pero su “sistema operativo natural” siempre sigue siendo el mismo, y actuar de forma neuro-típica le supone un esfuerzo significativo y, por lo tanto, un cansancio que se puede asumir hasta cierto punto, pero nunca continuamente. En su estado natural, en el que puede hacer brillar más sus fortalezas, más difícilmente puede integrar todos estos códigos y comportamientos neuro-típicos, por lo que, por más que los conozca, es probable que se olvide de ellos y si se siente en una zona de confianza aún se olvidará más frecuentemente, en la medida que está más relajado.


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