Asperger: el secreto del éxito o del fracaso

Actualizado: jun 13




POR ANTONIO LOPEZ

Fuente: Autismo en vivo / 13/03/2021, Barcelona

Fotografía: Pixabay



Se habla a menudo de la gran inteligencia de los Asperger, de lo buenos que son en su trabajo y de lo exitosos que son en muchos casos, pero no se es consciente que este porcentaje de éxito representa poco más que la punta del iceberg de todo el colectivo Asperger.


Recuerdo la primera vez que oí hablar del Síndrome de Asperger. Curiosamente eran unas declaraciones del exfutbolista brasileño Romario da Souza, quien había sido delantero del FC Barcelona de Johann Cruyff, en que decía que Leo Messi tenía el Síndrome de Asperger, que le dotaba de un nivel de concentración superior y por ende un rendimiento más alto en la cancha. En aquel momento pensé “Ala, que pasada! ¡Yo también quiero tener esto!”. Pocos años más tarde descubrí que en efecto yo también tenía el síndrome de Asperger. Vaya por donde…


Lo cierto es que no se sabe con certeza si Messi está diagnosticado como Asperger, pero los que somos Asperger tenemos un ojo especial para detectar a nuestros similares y muchos coincidimos en que sí lo es. Dicho esto, es obvio que este tipo de ejemplos hacen pensar, no sin razón, que el Síndrome de Asperger puede ser una clave del éxito en muchas tareas o trabajos tan variados como el de un científico, un artista o un futbolista, que en el caso de Messi también se podría calificar de artista. En los artículos de la serie “Celebridades Asperger” podemos encontrar multitud de ejemplos de todo tipo.


Si bien es cierto que ciertos atributos típicos de los Asperger como la concentración, la memoria, la tenacidad, el foco en un interés especial, la capacidad de pensar enfoques innovadores, la conciencia, la atención al detalle o cierta sensibilidad especial son fortalezas que pueden aportar valor diferencial o simplemente superior al resto de profesionales, no es menos cierto que las debilidades de los Asperger también son muy relevantes, y a menudo son causa de fracaso, aun yendo acompañadas de todas o la mayor parte de las fortalezas mencionadas.


Como dice Dale Carnegie en su libro “Como hacer amigos e influir a la gente”, solo el 15% del éxito en la vida se debe a las habilidades técnicas, mientras que el 85% restante se debe a las habilidades sociales. Si bien estos porcentajes son harto discutibles, si es indiscutible que las habilidades sociales (de cuya falta adolecen los Asperger) juegan un papel fundamental en la capacidad de progresar en cualquier ámbito de la vida.


Acerca del ámbito profesional, se puede decir que los Asperger lo tienen más fácil en aquellas profesiones en que las habilidades sociales son menos importantes, porque el resultado de su trabajo tiene buena visibilidad y se puede vender por sí solo, sin necesidad de habilidades comerciales. Este puede ser el caso de profesiones artísticas o creativas, científicas, y algunas otras, en la medida que la comunidad del sector profesional en cuestión pueda tener fácil acceso a ver los resultados de su trabajo.


El síndrome de Asperger puede ser pues tanto un factor clave de éxito como de fracaso, y lo más normal es que lleve a una historia en que haya éxitos y fracasos, aunque por razones diferentes al resto y por ello quizás más llamativas. Sin duda, la clave está en el aprendizaje y desarrollo de habilidades relacionales que neutralicen su debilidad natural, pero ello no siempre se lleva a cabo de manera suficientemente satisfactoria. Sin ir más lejos, no se puede pasar por alto que el índice de suicidios entre el colectivo Asperger es significativamente superior a la media, y me duele decir que lo comprendo perfectamente.


Es reconfortante escuchar frecuentemente las fortalezas mencionadas, o más habitualmente el mito de la inteligencia superior, cuando dices que eres Asperger o hablas sobre ello. Para qué engañarnos, más vale un estigma positivo que negativo, si bien normalmente la gente también sabe algo de lo negativo, pero intentan resaltar lo positivo. Somos sin duda un caso especial en muchos sentidos. Pero es necesario que se tome más en serio las dificultades de nuestro colectivo, no solo para evitar el sufrimiento excesivo y las posibles trágicas consecuencias, sino también para multiplicar las probabilidades de éxito para el bien de los propios Asperger, de la sociedad y las organizaciones en las que trabajen.


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