¿Cuál es el criterio del DSM-5 para el diagnóstico del autismo?


POR YOLANDE LOFTUS

Fuente: Autism Parenting Magazine | 01/07/2021

Fotografía: Pixabay.com



Los profesionales de la medicina y los investigadores suelen consultar el DSM-5, un manual al que a veces se hace referencia como la biblia de las enfermedades mentales. En este artículo se examinarán los criterios para un diagnóstico de autismo según el DSM-5.



El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (5ª ed.; DSM-5; Asociación Americana de Psiquiatría, 2013) es un manual que se cita a menudo en las revistas científicas; profesionales de la medicina como psiquiatras y pediatras se remiten a él a la hora de diagnosticar, pero para algunos de nosotros parece ser una lectura un poco desalentadora reservada a los que tienen múltiples abreviaturas acompañando su nombre.


El nombre del manual, The Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (o el DSM-5) contribuye al factor de intimidación. Aunque nunca fue concebido como una lectura de playa para el público, el DSM-5 contiene mucha información de diagnóstico que puede ser útil para los educadores y los padres, además de su público médico y de investigación previsto.


La mayoría de los médicos de EE.UU. utilizan el manual como guía autorizada para diagnosticar los trastornos del espectro autista (TEA). Para los profesionales médicos sin mucha experiencia relacionada con el autismo, el DSM-5 proporciona directrices y criterios para facilitar diagnósticos coherentes y fiables.


Puede ser una herramienta diagnóstica valiosa, pero también ha sido criticada por muchos clínicos -especialmente las críticas relativas a su validez, fiabilidad y utilidad (Young, 2016). Las cuestiones relacionadas con el sobrediagnóstico y el riesgo de patologizar comportamientos o condiciones normales son otras áreas de preocupación según Young (2016).


Otra área de crítica del manual revisado es el estrechamiento de los criterios (en cuanto a lo que constituye un trastorno del espectro autista) en el DSM-5, hasta el punto de que algunos en el umbral del espectro pueden ser excluidos. El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (4ª ed.,; DSM-IV; Asociación Americana de Psiquiatría, 1994) no utilizaba una categoría diagnóstica singular para el autismo como la edición revisada. En su lugar, se utilizaron las siguientes condiciones distintas:

  • Trastorno autista

  • Trastorno de Asperger

  • Trastorno desintegrativo infantil

  • Trastorno generalizado del desarrollo no especificado (PDD-NOS)


El DSM-5 englobó estas condiciones distintas bajo el término general de trastorno del espectro autista. Muchos de los diagnosticados con asperger consideraron que la condición debería haber permanecido como una condición separada, relacionada con el autismo pero no del todo. El DSM-5 establece que aquellos con un diagnóstico "bien establecido" de asperger y PDD-NOS deben ser diagnosticados con el trastorno del espectro autista.


El DSM-5 añadió una nueva condición, llamada trastorno de comunicación social, que puede ser diagnosticada en aquellos que no cumplen los criterios del TEA. El DSM-5 también añadió síntomas de naturaleza sensorial, enumerando la hiper e hiposensibilidad como una posible característica del TEA. Algunos creen que las cuestiones sensoriales deberían haberse incluido desde el principio, mientras que otros consideran que conduce a un diagnóstico erróneo.


El DSM-5 puede tener ciertas deficiencias, pero es útil para identificar rasgos y síntomas que pueden indicar que un niño necesita ser evaluado por TEA. La siguiente discusión sobre los criterios que se encuentran en el DSM-5 no debe utilizarse para autodiagnosticar el autismo; en su lugar, los padres que crean que su hijo puede mostrar algunos de estos comportamientos deben compartirlo con el pediatra del niño.



Criterios de diagnóstico del trastorno del espectro autista del DSM-5


Los criterios para el diagnóstico de autismo, según el DSM-5, incluyen signos y síntomas y establecen cuántos de ellos deben estar presentes. Los criterios pueden dividirse en dos áreas principales: dificultades de comunicación social y comportamientos restringidos/repetitivos y/o sensoriales.



Déficit o dificultad de comunicación social


Según el manual, un niño debe tener dificultades continuas en las tres áreas de comunicación e interacción social.


La primera área especifica déficits persistentes en la "reciprocidad socio-emocional". Esto se manifestaría probablemente en dificultades para iniciar la interacción social (o en una forma atípica de abordar dichas interacciones), o el niño puede tener dificultades para responder adecuadamente con una conversación de ida y vuelta durante las interacciones, y le resulta difícil compartir intereses y emociones.


La segunda área se centra en la comunicación no verbal y en las dificultades que puede experimentar el niño, que se manifiestan en las dificultades de contacto visual, las expresiones faciales adecuadas y el lenguaje corporal que se utiliza normalmente en la interacción social.


Los déficits de la última área pueden manifestarse como una falta de formación, mantenimiento y comprensión de las relaciones del niño, como las amistades. Para mantener las relaciones, es necesario ajustar el comportamiento para que se adapte a un determinado contexto social, lo que puede ser un área de dificultad para alguien con el espectro. Además, el niño puede tener dificultades para participar en juegos imaginativos y mostrar poco interés por otros niños.



Patrones de comportamiento restringidos y repetitivos


Este tipo de comportamiento debe estar presente (o mostrarse previamente) y para un diagnóstico deben ser evidentes al menos dos de ellos:


Movimientos motrices repetitivos, esto suele manifestarse en una forma particular en la que el niño alinea los juguetes en lugar de jugar con ellos, o patrones de habla repetitivos como la ecolalia o la repetición de frases de películas en momentos inadecuados.


Inflexibilidad en lo que respecta a las rutinas y los patrones de comportamiento e insistencia en la uniformidad: el niño puede mostrar un comportamiento extremadamente rígido, insistiendo en comer la misma comida todos los días o en ver un solo programa repetidamente.


Un interés atípicamente intenso, fijado y muy restringido, por ejemplo una fijación con respecto a un objeto específico o un campo de interés como las matemáticas o los trenes.


El DSM-5 añadió la hiper o hiporreactividad a los estímulos sensoriales (que no era un síntoma identificado en las ediciones anteriores). El niño puede reaccionar de forma exagerada ante estímulos neutros, como etiquetas en la ropa, o buscar estímulos sensoriales con comportamientos como oler y tocar cosas de forma excesiva.


Incluso si estos síntomas están presentes, se necesitan más requisitos para el diagnóstico de autismo. Por ejemplo, los síntomas deben estar presentes desde el principio; sin embargo, es posible que la manifestación completa sólo se produzca más tarde debido a las circunstancias. Estos síntomas deben causar problemas significativos en áreas importantes de la vida del niño y no deben explicarse mejor por la discapacidad intelectual o el retraso del desarrollo global.


La lista de criterios diagnósticos del DSM-5 también menciona que aquellos con un "diagnóstico DSM-IV bien establecido" de asperger, PDD-NOS o trastorno autista deben recibir un diagnóstico de trastorno del espectro autista.


Este es un resumen de los criterios del trastorno del espectro autista. El DSM-5 contiene una lista detallada de signos y síntomas con ejemplos de uso ilustrativo. Si hay algún signo que indique que un niño puede estar en el espectro, debe consultarse a un profesional médico.



Precisión de los criterios


Muchos padres temen un diagnóstico erróneo, en realidad la mayoría de nosotros tememos que la Gran Farmacia pueda estar engañándonos con un diagnóstico que les llene los bolsillos, mientras sobremedicamos un comportamiento normal que ellos patologizaron y monetizaron. Algunos investigadores también han expresado sus dudas sobre los criterios diagnósticos del DSM-5; en este sentido, se han realizado varias revisiones y análisis (para determinar cómo afecta el DSM-5 al diagnóstico de TEA).


Kulage et al. (2014) realizaron un meta-análisis para ver el efecto de los cambios del DSM-5 en el TEA. Los autores concluyeron que los cambios probablemente conducirían a una disminución de los individuos diagnosticados con TEA. Es importante destacar que los autores consideraron que era necesario investigar sobre las políticas para aquellos que carecen de diagnóstico pero que necesitan asistencia.


Esta recomendación debe tenerse en cuenta cuando los síntomas de un niño no son tan graves como para cumplir los criterios de diagnóstico del TEA, pero son lo suficientemente graves como para causar un deterioro. Puede haber ayuda para los síntomas que causan dificultades al niño, incluso si dichos síntomas no cumplen los requisitos para un diagnóstico de autismo u otro trastorno del neurodesarrollo.


El DSM-5 puede ser una herramienta útil para que los educadores y los padres les alerten de los síntomas que deben consultarse con un profesional médico. El diagnóstico precoz conduce a una intervención temprana, y la investigación deberá determinar si el DSM-5 contribuye a este objetivo.