Demostrando que la SRS-2 es un instrumento válido para detectar el autismo como comorbilidad al SD


Estudio de la Escala de Respuesta Social (SRS-2) en niños en edad escolar con síndrome de Down con bajo riesgo de trastorno del espectro autista



POR MARIE MOORE CHANNELL

Fuente: Sage Journal / 09/10/2020

Fuente: Pixabay


https://doi.org/10.1177/2396941520962406



Resumen


Antecedentes y objetivos


Se sabe poco sobre cómo se presentan los síntomas del trastorno del espectro autista (TEA) en los individuos con síndrome de Down (SD). Algunos comportamientos pueden ser sintomáticos de un TEA comórbido o más ampliamente representativos del fenotipo del SD. Un estudio de investigación anterior documentó síntomas elevados similares a los del TEA en adolescentes y adultos jóvenes con SD sin TEA comórbida, utilizando una herramienta común de evaluación del riesgo de TEA: la Escala de Respuesta Social (SRS). El estudio actual aplicó un enfoque similar a niños pequeños con SD usando la SRS-2. El objetivo principal fue documentar los patrones de los síntomas similares a los del TEA en niños con SD con bajo riesgo de TEA comórbida para distinguir los síntomas que pueden estar presentes en el SD en general.



Métodos


Las puntuaciones estándar del SRS-2 fueron analizadas en una muestra de 40 niños con SD, de 6 a 11 años de edad, que se consideraron de bajo riesgo de padecer TEA, según el cuestionario de comunicación social (SCQ). También se examinaron otras características del desarrollo (es decir, edad, coeficiente intelectual no verbal, lenguaje expresivo), habilidades sociales y conductas problemáticas en toda la muestra.



Resultados


Las puntuaciones del SRS-2 fueron significativamente elevadas en esta muestra en comparación con la muestra normativa de la población. Se observó un patrón de sintomatología similar al de la ASD en todos los subdominios del SRS-2. Estos resultados fueron similares a los del estudio anterior. Sin embargo, se observaron diferencias de matices entre las dos muestras que pueden representar diferencias de desarrollo a través de diferentes edades en esta población.



Conclusiones


Repitiendo y extendiendo los hallazgos de un estudio anterior, ciertos comportamientos similares al TEA pueden ocurrir en individuos con SD que tienen un bajo riesgo de TEA comórbida.


Implicaciones: Entender el patrón de conductas similares a los trastornos del espectro autista que ocurren en niños con SD que tienen un bajo riesgo de padecer trastornos del espectro autista comórbidos ayudará a los médicos en los esfuerzos de detección e identificación. En particular, conducirá a una mejor especificación de los comportamientos o síntomas que no son característicos del fenotipo del SD y por lo tanto son señales de alerta para el TEA comórbido en esta población.


Palabras clave: síndrome de Down, trastornos del espectro autista, comorbilidad



Se estima que la tasa de trastornos del espectro autista (TEA) que se producen simultáneamente en los individuos con síndrome de Down (SD) es del 7% al 19%, según diversos métodos de detección basados en la población (Lowenthal et al., 2007) y de diagnóstico (DiGuiseppi et al., 2010; Kent et al., 1999) (véase Glennon et al., 2017). Esta tasa es mucho más alta que la tasa de prevalencia <2% en la población general de los Estados Unidos (Baio, 2018). A pesar de su alta tasa de prevalencia, todavía se desconoce mucho acerca de cómo se presentan los síntomas de la TEA en el SD. Por ejemplo, el fenotipo del SD incluye su propio patrón de fortalezas y dificultades en la comunicación e interacción social, un dominio que también se ve afectado por el TEA. Por lo tanto, puede ser difícil determinar si ciertos comportamientos en un individuo con SD son sintomáticos de un TEA comórbido o representativos del fenotipo de SD en general, limitando la detección, el diagnóstico y las opciones de tratamiento (Glennon et al., 2017).


Consistente con la idea de superposición entre los síntomas de los TEA y el fenotipo del SD, Channell et al. (2015) recientemente documentaron síntomas elevados similares a los de los TEA en una muestra de adolescentes y adultos jóvenes con SD, de 10 a 21 años de edad, que no tenían un diagnóstico de TEA comórbida usando un evaluador común de riesgo de TEA, la Escala de Respuesta Social (SRS; Constantino & Gruber, 2005). El presente estudio busca aplicar un enfoque similar a los niños más pequeños con SD, de 6-11 años de edad, utilizando la versión más reciente de esta herramienta de detección, la SRS-2 (Constantino & Gruber, 2012). Estos datos ampliarán los hallazgos de Channell et al. y proveerán evidencia empírica de la utilidad de esta herramienta para documentar conductas similares a los TEA en el SD. Además, la identificación del patrón de síntomas similares a los de los TEA en individuos que tienen SD y están en bajo riesgo de tener TEA comórbida, informa nuestro entendimiento del fenotipo del SD. Conocer los síntomas similares a los de los TEA que se superponen con el fenotipo del SD, a su vez, nos llevará a una mejor especificación de las conductas o síntomas que no son característicos del fenotipo del SD y por lo tanto son señales de alerta para los TEA comórbidos.



TEA comórbida en el SD


Las características de diagnóstico de los TEA incluyen una lista variada de síntomas en los dominios de (a) comunicación e interacción social y (b) patrones restringidos y repetitivos de conductas, intereses y actividades (APA, 2013). Estos síntomas incluyen dificultades que también pueden estar presentes entre muchos individuos con discapacidad intelectual, como aquellos con SD, que pueden o no tener TEA comórbida. De acuerdo con el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5; APA, 2013), el diagnóstico diferencial de los TEA comórbidos y la discapacidad intelectual requiere síntomas de TEA más allá de los causados por la discapacidad intelectual. En otras palabras, las deficiencias en la comunicación social no pueden explicarse mejor por la discapacidad intelectual. Esto significa que, para un diagnóstico de TEA comórbida, existe una discrepancia entre la comunicación social y las capacidades intelectuales/nivel de desarrollo general. Para el SD, entonces, el objetivo es distinguir las deficiencias de comunicación social y otros comportamientos que se deben al SD y a la propia discapacidad intelectual de los que son sintomáticos de un TEA comórbido. Aunque no sea posible separarlos completamente, es importante obtener una visión matizada del fenotipo de comportamiento social del SD para identificar a aquellos que muestran síntomas adicionales y pueden estar en riesgo de un TEA comórbido. Por lo tanto, necesitamos herramientas de detección que puedan identificar tales diferencias.



Comunicación e interacción social en el SD


El patrón de fortalezas y debilidades fenotípicas del SD dentro del dominio de la comunicación e interacción social significa que, aunque el SD se asocia a menudo con altos niveles de sociabilidad (DiGuiseppi et al., 2010; Glennon et al., 2017), es probable que muchos muestren al menos algunos síntomas similares a los del SD (Hahn, 2016). Por ejemplo, una característica distintiva del fenotipo conductual del SD es la dificultad con el lenguaje. El lenguaje estructural expresivo está particularmente deteriorado, con morfosintaxis expresiva, o gramática, retrasada incluso en relación con la cognición no verbal (Abbeduto et al., 2007; McDuffie et al., 2017). Las habilidades lingüísticas pragmáticas han sido menos estudiadas en el conjunto del SD, con resultados algo dispares (Abbeduto & Hesketh, 1997; Lee et al., 2017; Martin et al., 2018; Smith et al., 2017). Hay pruebas de que existe al menos cierta dificultad con el lenguaje pragmático en los individuos con SD, aunque las deficiencias en la morfosintaxis expresiva, típicamente medida por la longitud media de la palabra (MLU), pueden desempeñar un papel importante (por ejemplo, Abbeduto et al., 2008; Ashby et al., 2017). Por ejemplo, con una capacidad limitada para especificar el significado en oraciones completas y complejas puede ser más difícil comunicar ideas, pensamientos y sentimientos abstractos. Sin embargo, el lenguaje se ve afectado por el SD (Abbeduto et al., 2007; McDuffie et al., 2017), y también se observan dificultades con el lenguaje en los TEA; el grado en que estas dificultades se superponen permanece en gran medida inexplorado.


En el ámbito socio-emocional, los niños con SD muestran algunas fortalezas en las habilidades emergentes tempranas como la comunicación no verbal y el uso de gestos (Fidler et al., 2005, 2008), reconocimiento básico de emociones (Cebula, et al., 2017; Channell et al., 2014; Pochon & Declercq, 2013), habilidades de juego y comportamiento pro-social (Næss et al., 2017). Sin embargo, el desarrollo posterior de habilidades cognitivas sociales como la teoría de la mente tiende a representar dificultades relativas (Abbeduto et al., 2001, 2006; Cebula et al., 2010; Lee et al., 2017). Este perfil de fortalezas y dificultades en la cognición social y la comunicación tiene interesantes implicaciones para los síntomas de la TEA en el SD. Parece que, aunque algunas características pueden ser distintas al fenotipo social del SD y representan "factores protectores" contra los TEA comórbidos (DiGuiseppi et al., 2010; Glennon et al., 2017), otras pueden de hecho superponerse con los síntomas de los TEA en el dominio de la comunicación e interacción social.



Comportamientos e intereses restringidos y repetitivos en el TEA


Ciertas conductas de inadaptación están presentes en tasas relativamente altas en la población con SD, incluyendo la hiperactividad, el estereotipo y los síntomas de ansiedad y retraimiento (Capone et al., 2005; Carter et al., 2007; Kent et al.,1999; Richards et al., 2012; Warner et al., 2014). Estas conductas también pueden superponerse con algunos síntomas similares a los de los TEA en el dominio de las conductas e intereses restringidos y repetitivos. Este fue el caso en la muestra de Channell et al. (2015) de individuos con SD sin TEA comórbida que mostraron síntomas elevados en este dominio (subescala de "Manierismos Autistas" de la versión original de la SRS). Además, muchos examinadores de TEA proyectan una red aún más amplia para incluir varios comportamientos que pueden ser indicativos de una deficiencia subyacente, incluso si no son síntomas de diagnóstico, lo que significa que los individuos con TEA pueden tender a examinar con estas herramientas de examen a un riesgo elevado de TEA debido en parte a los síntomas/comportamientos asociados con el fenotipo de TEA.



Identificar el TEA en el SD


Para complicar las cosas, algunos han planteado que el "autismo sindrómico" (es decir, el TEA comórbido en los síndromes neurogenéticos como el SD) puede tener rasgos fenotípicos diferentes, con un patrón de síntomas distinto, que en el TEA solo (Glennon et al., 2017; Hepburn & Moody, 2011; Rachubinski et al., 2017). En otras palabras, los fundamentos neurobiológicos de la TEA en el SD, por ejemplo, pueden ser únicos, lo que conduce a diferencias en su curso de desarrollo y, lo que es importante, requiere diferentes enfoques de tratamiento. En ese caso, es posible que necesitemos diferentes herramientas para la identificación y el diagnóstico precoz de la TEA en poblaciones específicas como el SD. De cualquier manera, necesitamos más evidencia empírica para apoyar o refutar el uso de herramientas existentes y/o modificadas en esta población.


Existen pruebas iniciales de que el Cuestionario de Comunicación Social (SCQ; Rutter et al., 2003) es una herramienta válida para la detección de ASD en individuos con SD (DiGuiseppi et al., 2010; Magyar et al., 2012; Oxelgren et al., 2017), aunque algunos han sugerido la necesidad de algoritmos modificados para determinar la puntuación de corte ideal debido a la posible subidentificación (DiGuiseppi et al., 2010; Magyar et al., 2012). El SRS es otro de los filtros de la ASD que se utilizan comúnmente. Según Channell et al. (2015), puede ser más probable que sobreidentifique los síntomas similares a los de la TEA en individuos con SD, al menos a edades más avanzadas. Poco menos de la mitad de su muestra de adolescentes y adultos jóvenes con SD que se sometieron a pruebas de detección dentro de los límites normales del SCQ, y para los cuales se descartó la TEA comórbida, aún se sometieron a pruebas de detección dentro del rango de "en riesgo" en el SRS. Así pues, las pruebas iniciales sugieren que tal vez sea necesario modificar esta herramienta de detección de TEA, o al menos utilizarla con normas modificadas, en esta población con fines de identificación.


Una forma de seguir desempacando esta información es documentando primero el patrón de síntomas similares a los de los TEA que son característicos del fenotipo del SD pero que son captados por las herramientas de detección actuales. En otras palabras, al comprender lo que es "típico" en los individuos con SD sin TEA (o con bajo riesgo de TEA), podemos identificar más fácilmente los comportamientos indicativos de riesgo de TEA comórbida en esta población. Aunque el SCQ proporciona una puntuación global bruta similar al recuento de un síntoma, el SRS está normalizado en la población general, proporciona puntuaciones estándar relativas a las normas de edad y sexo, y proporciona puntuaciones estándar a través de los subdominios de los síntomas para identificar los patrones de los síntomas. Estas características de la SRS hacen que sea particularmente susceptible de identificar patrones "típicos" de características similares a la TEA en el SD, y el presente estudio sigue este enfoque metodológico.


Channell y otros (2015) utilizaron la SRS de esta manera en su muestra de adolescentes y adultos jóvenes con SD sin TEA comórbida. Sus hallazgos indicaron puntuaciones elevadas, y por lo tanto más sintomáticas, para los subdominios de Manierismos Autistas (conductas e intereses restringidos y repetitivos) y Cognición Social. Ambas puntuaciones de los subdominios fueron significativamente más elevadas (sintomáticas) que las puntuaciones de Comunicación Social, que fueron significativamente más elevadas que las de Concienciación Social y Motivación Social. Por lo tanto, los menores síntomas se observaron en los subdominios de Concienciación Social y Motivación Social.


Este patrón aún no ha sido probado en niños pequeños con SD (es decir, preadolescentes que pueden o no mostrar los mismos patrones fenotípicos). Por lo tanto, el presente estudio amplía la investigación de Channell et al. (2015) a una muestra más joven en edad escolar de niños de 6 a 11 años con SD. El estudio actual también utiliza la última edición del examinador, el SRS-2, con sus normas actualizadas, aunque los artículos del SRS-2 para este rango de edad son exactamente los mismos que los artículos encontrados en el SRS original.



Estudio actual


El objetivo principal del presente estudio es utilizar el SRS-2 para documentar los patrones de las características principales de los TEA -comunicación e interacción social y conductas e intereses restringidos y repetitivos- en una muestra de niños en edad escolar con SD que se someten a pruebas de detección de TEA de bajo riesgo en el SCQ, una prueba validada para identificar el riesgo general de TEA en el SD. Comparando los patrones observados en nuestra muestra con los datos normativos publicados, obtendremos una visión de las puntuaciones típicas del SRS-2 para los niños con SD para los que el riesgo de TEA comórbido es mínimo. Un objetivo secundario es explorar otras características del desarrollo (es decir, edad, coeficiente intelectual no verbal, lenguaje expresivo), habilidades sociales y conductas problemáticas y sus asociaciones con síntomas similares a los del TEA en esta muestra de bajo riesgo. Los datos resultantes caracterizarán aún más el fenotipo de SD.



Métodos


Participantes


Los participantes fueron extraídos de un estudio más amplio de lenguaje y comunicación en 40 niños con SD, de 6 a 11 años de edad. Para el estudio más grande, los participantes fueron reclutados de grupos de defensa de padres locales, regionales y nacionales, anuncios en plataformas de medios sociales y a través de registros de participantes, incluyendo el DS-Connect de los NIH y el Registro de Participantes con Discapacidades Intelectuales de la Universidad de Alabama. Para ser elegibles para el estudio más grande, se requirió que los niños usaran el habla como su principal modo de comunicación, hablar en por lo menos frases de 2 a 3 palabras, y hablar inglés como lengua materna, todo esto confirmado a través del informe de los padres.


Para el estudio actual, para limitar el riesgo de TEA comórbida, los participantes que obtuvieron un puntaje igual o superior al límite de la prueba de SCQ (es decir, 15) fueron excluidos de los análisis. Según los desarrolladores de la prueba, el SCQ tiene una alta sensibilidad (.96) en los individuos con discapacidad intelectual (Rutter et al., 2003). El SCQ también ha sido validado en individuos con SD (DiGuiseppi et al., 2010; Magyar et al., 2012; Oxelgren et al., 2017).


Después de excluir a 5 participantes (12,5%) que se sometieron a pruebas de detección por encima del límite de riesgo de TEA de 15 en el SCQ, la muestra consistió en 35 niños con SD (62,9% mujeres). Eran 77.1% blancos no hispanos, 14.3% negros, 5.7% de más de una raza, y 2.9% blancos hispanos. Los ingresos anuales de los hogares oscilaban entre 32.000 y 500.000 dólares (Mediana = 110.000 dólares). Vea la Tabla 1 para las características adicionales de la muestra.



Tabla 1. Características de la muestra (n = 35).




Medidas


SCQ-Lifetime (Rutter et al., 2003)


El SCQ es un cuestionario estandarizado de reporte de cuidadores que se utiliza para detectar el riesgo de ASD. Se pide a los cuidadores que aprueben si el niño ha mostrado alguna vez varios comportamientos relacionados con los síntomas de ASD y los hitos del desarrollo en 39 ítems (para niños verbales). Las puntuaciones brutas más altas indican comportamientos más parecidos a los de los trastornos del espectro autista, con una puntuación bruta de 15 como límite recomendado para el aumento del riesgo y la necesidad de una evaluación adicional (Berument et al., 1999; Rutter et al., 2003).


Se ha informado de una alta fiabilidad de consistencia interna del SCQ (α = .84-.93), y también se ha informado de una validez concurrente con la Entrevista de Diagnóstico de Autismo-Revisada (.73-.92). El SCQ también se ha utilizado en poblaciones con SD (Channell y otros, 2015; DiGuiseppi y otros, 2010; Magyar y otros, 2012; Moss y otros, 2013; Oxelgren y otros, 2017; Warner y otros, 2014) y se ha informado de fuertes propiedades psicométricas (Magyar y otros, 2012).



Escala de Respuesta Social, 2ª edición (SRS-2; Constantino & Gruber, 2012)


El SRS-2 es un cuestionario normalizado, con referencia a las normas, que se utiliza para detectar el riesgo de trastornos del espectro autista y documentar las pautas de la sintomatología de los trastornos del espectro autista a efectos de la planificación del tratamiento. Se pide a los cuidadores que califiquen 65 ítems sobre el comportamiento de su hijo durante los últimos seis meses usando una escala Likert del 1 (No es cierto) al 4 (Casi siempre es cierto). Los elementos se agrupan en cinco subdominios que corresponden a la estructura general de dos factores de los dominios de diagnóstico del DSM-5: Comunicación e Interacción Social (subdominios Conciencia Social, Cognición Social, Comunicación Social y Motivación Social) y Comportamientos e Intereses Restringidos y Repetitivos (Constantino y Gruber, 2012).


Los cinco subdominios están diseñados en torno a grupos de tratamiento con el propósito de identificar subconjuntos de habilidades que son importantes para el comportamiento social recíproco además de los intereses restringidos y los comportamientos repetitivos o estereotípicos (Constantino & Gruber, 2012). Los cuatro subdominios bajo "Comunicación e Interacción Social" son definidos por Constantino y Gruber (2012) como: Conciencia social - "capacidad de captar las señales sociales" y "los aspectos sensoriales del comportamiento social recíproco"; Cognición social - "capacidad de interpretar las señales sociales una vez que se captan" y "los aspectos cognitivos-interpretativos del comportamiento social recíproco"; Comunicación social - "comunicación expresiva" y "los aspectos 'motóricos' del comportamiento social recíproco"; y Motivación social - "generalmente motivado a participar en el comportamiento social-interpersonal; se incluyen elementos de ansiedad social, inhibición y orientación empática".


Para cada subdominio, las puntuaciones brutas se convierten en puntuaciones T basadas en normas cronológicas de edad y sexo (media poblacional normativa = 50, SD = 10). También se proporcionan puntuaciones T compuestas para el dominio de la Comunicación e Interacción Social y para una puntuación T total general. Las puntuaciones más altas indican comportamientos más parecidos a los del TEA. Los puntajes T mayores o iguales a 60 indican una elevada sintomatología de ASD y la necesidad de una mayor evaluación. Los puntajes de la sintomatología se clasifican además en rangos de "Leve" (60-65), "Moderado" (66-75) y "Severo" (76+).


La forma de edad escolar SRS-2 tiene fuertes propiedades psicométricas en muestras de estandarización clínicas (ASD) y no clínicas. La fiabilidad de la consistencia interna es α = .95 y .97, respectivamente. El SRS-2 también ha sido validado con respecto a las medidas de diagnóstico de la TEA "patrón oro", la Entrevista de Diagnóstico del Autismo-Revisada (véase Charman et al., 2007) y el Programa de Observación Diagnóstica del Autismo (véase Charman et al., 2007; Constantino et al., 2007). En el SD, Channell et al. (2015) informaron de una alta fiabilidad de la consistencia interna (α = 0,94 para los hombres y 0,96 para las mujeres) y de la validez concurrente con el SCQ-Lifetime (r = 0,53).



Otras medidas


Coeficiente intelectual no verbal


La Prueba Internacional de Rendimiento de Leiter, 3ª edición (Leiter-3; Roid & Miller, 2013) es una medida de referencia normativa de la cognición no verbal, estandarizada para las edades de 2 a 21 años. La administración y el método de respuesta son no verbales (por ejemplo, mediante el modelado y la puntería de la pantomima), ideales para personas con discapacidades de desarrollo y deficiencias del lenguaje, pero también normalizados en la población típica. El CI cognitivo no verbal se calcula a partir de 4 subpruebas básicas: Figura de terreno, llenado de formularios, clasificación y analogías, y orden secuencial. En el presente estudio se utilizaron puntuaciones compuestas de CI no verbal.


Las propiedades psicométricas reportadas de Leiter-3 incluyen coeficientes de fiabilidad de la prueba en las cuatro subpruebas principales que van desde α = 0,74 a 0,86. El CI compuesto no verbal de Leiter-3 fue validado contra el de su versión anterior, el Leiter-R (r = 0,78), y el CI no verbal de la 5ª edición de Stanford-Binet (r = 0,77) entre otras medidas, todas ellas demostrando una validez adecuada.



Lenguaje expresivo (vocabulario)


La Prueba de Vocabulario Expresivo, Segunda Edición (EVT-2; Williams, 2007) es una medida de referencia normativa de vocabulario expresivo, estandarizada para las edades de 2,5 años y más. Se pidió a los participantes que etiquetaran verbalmente los objetos o conceptos representados en las imágenes presentadas por el examinador. El EVT-2 tiene una gran fiabilidad de prueba (0,94 a 0,97) y ha sido validado frente a otras medidas de lenguaje expresivo y vocabulario. Se utilizaron puntuaciones estándar basadas en la edad para medir el vocabulario expresivo.



Lenguaje expresivo (morfosintaxis)


Se utilizó una tarea de muestreo del lenguaje narrativo para captar las capacidades morfosintácticas (es decir, gramaticales) de los participantes en un contexto de comunicación naturalista. A los participantes se les mostró un libro ilustrado sin palabras (Frog Goes to Dinner; Mayer, 1974 o Frog on His Own; Mayer, 1973) y después de hojear las páginas del libro para aprender la historia, se les pidió que la contaran al examinador. El tiempo y la naturaleza de las indicaciones del examinador se estandarizaron de acuerdo con el procedimiento de Abbeduto y otros (1995; Kover & Abbeduto, 2010; Kover et al., 2012). La información psicométrica de este procedimiento está disponible en muestras con desarrollo típico (Channell et al., 2018) y con discapacidades intelectuales y de desarrollo (Berry-Kravis et al., 2013). Las narraciones de los participantes fueron grabadas en audio, transcritas digitalmente y analizadas utilizando un software de computadora de Análisis Sistemático de Transcripciones de Lenguaje (SALT; Miller & Iglesias, 2012). El acuerdo entre los transcriptores en el estudio más grande se computó para el 20% de las transcripciones y fue alto (es decir, 87-94%, con un promedio de 90% a través de múltiples dimensiones de transcripción computadas a nivel de la pronunciación). La longitud media de la pronunciación (es decir, la unidad C; Loban, 1976) en los morfemas (MLU) se utilizó para medir la morfosintaxis expresiva.



Habilidades sociales y conductas problemáticas


El Sistema de Mejora de las Habilidades Sociales - Formulario para Padres (SSIS; Gresham & Elliott, 2008) es una medida de informe de los padres sobre las habilidades de interacción social y las conductas problemáticas que está estandarizada para los niños de 3 a 18 años de edad. Los padres responden 79 preguntas de frecuencia y gravedad sobre el comportamiento de sus hijos. Las puntuaciones estándar se calculan en relación con las normas cronológicas de edad y sexo para los compuestos de habilidades sociales y conductas problemáticas. Los puntajes más altos en Habilidades Sociales indican una mayor competencia social; los puntajes más altos en Comportamientos Problemáticos indican comportamientos inadaptados más severos.


El SSIS ha reportado una alta fiabilidad de consistencia interna, α = .94-.97, a través de las edades y sexos para los compuestos de Habilidades Sociales y Conductas Problemáticas en el formulario de los padres. El formulario padre del SSIS también demuestra una fuerte validez basada en las correlaciones moderadas a altas reportadas entre los compuestos de Habilidades Sociales y Conductas Problemáticas y las puntuaciones de dominio relevantes en el Sistema de Clasificación de Habilidades Sociales (SSRS) y el Sistema de Evaluación de Conducta para Niños, 2da edición (BASC-2).



Plan analítico


El objetivo principal era usar el SRS-2 para documentar los patrones de las características principales de los TEA -comunicación e interacción social y conductas e intereses restringidos y repetitivos- en una muestra de niños en edad escolar con TEA que se examinaron con bajo riesgo de TEA en el SCQ. Para abordar el objetivo principal, se realizaron análisis descriptivos en la muestra final que incluyó sólo a los participantes que se sometieron a pruebas de detección de TEA comórbida en el SCQ (n = 35).


En primer lugar, se examinó la distribución de las puntuaciones T normalizadas del SRS-2 en todos lo