Inocencia y sensibilidad




POR GABRIEL MARIA PÉREZ

Fuente: Univers Àgatha / 29/11/2020, Barcelona

Fotografía: Pixabay



Gabriel, como siempre en primera persona, nos transmite sus sentimientos y el significado de tener a Àgatha, su hija autista.


En los dos últimos artículos que he escrito he hablado de la crisis que ha pasado mi hija Àgatha, con autismo severo.


He querido ser bastante realista y dar el máximo de sentimiento y claridad para mostrar cómo repercute en la convivencia de estas personas tan queridas con sus familiares o educadores.


He hablado de cansancio, hastío, de ganas de huír, pero también de grandes cargas de afectividad y sentimiento.


He alabado y continuaré alabando a las madres azules con esa dedicación exclusiva y exhaustiva, sin pausas, sin resquicios, y con un agotamiento físico y mental, prácticamente perenne.


Y he recibido muchos mensajes de ánimo, de paciencia, de no desfallecer en nuestro día a día.


También he recibido otros mensajes diciéndome que les hacía llorar, pensando en cómo podíamos estar sufriendo por estas circunstancias, etc.


La verdad es que debo estar satisfecho con tantas muestras de empatía hacia mi persona, que hago extensible a tantos familiares y cuidadores de personas con autismo, etc., y lo agradezco profundamente.


De todos modos tengo que dejar claro que, aunque realmente es muy duro tener, en mi caso, una hija con autismo, también es fuente de unión familiar y de (aunque pudiera sonar a pedante), mucho y mucho amor.


Estos seres, mejor dicho, estas personitas, nos envuelven con su inocencia, con su evasión del entorno que les rodea.


A ellos les importa tres pepinos el mundo corrupto y falso de tantos políticos, la economía, las guerras, las envidias, los celos, la codicia, los falsos líderes, etc.


Viven en su universo especial, ese universo al que le hemos dado el color azul, un universo azul en el que esa santa inocencia provoca un profundo sentimiento de afección hacia ellos.


Incapaces de hacer ningún mal, las autolesiones o posibles actos de violencia no son más que una manera de intentar expresarse, de intentar salir de sus burbujas de incomprensión, de sus laberintos mentales.


¡Cómo nos gustaría que pudiéramos entender lo que nos están diciendo con su modo de actuar!


Ojalá pudiéramos aprovechar esta auténtica inocencia y ausencia de maldad para poder coger montoncitos de ella y repartirla por la tierra, con tal de hacer que la humanidad fuera mucho más humana de lo que aparenta ser.



Gabriel Maria Pérez


http://yetibarna.blogspot.com/

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