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Síndrome desfasado




POR IGNACIO PANTOJA

Fuente: Autismo en vivo | 18/02/2022

Fotografía: Pixabay



Son tantas cosas las que me sugieren el apellido Asperger que me sería imposible escribirlas todas en este artículo, ya he escrito muchas veces cómo fue mi diagnóstico y cómo cambió mi vida en pretéritos artículos, así que en este hablaré un poco de cómo, esa palabra tan importante, va desapareciendo poco a poco de mi vida.


Recordemos que tanto en el DSM-V como en la CIE-11 el síndrome de Asperger desaparece y deja de ser diagnóstico para englobarnos a todos en autismo leve, moderado y grave. Bueno, aquí está el quid de la cuestión, de los autistas nostálgicos que quieren mantener su identidad como Aspergers o los que como yo quieren pasar página de esa palabra.


Los motivos por los que yo y otros autistas empezamos a dejar de utilizar lo de “asperger” son varias, la primera porque el Asperger es autismo leve, pero al fin y al cabo autismo y es mejor sentirse identificado y respaldado por un colectivo más grande que por otro separado por las fronteras de las palabras.


Al fin y al cabo, los nombres de aspérgico o aspergiano suenan muy mal y las palabras TEA o CEA quedan mucho mejor.


La condición de ser autista nos abre un camino mucho más amplio de posibilidades identitarias y reivindicaciones que la palabra Asperger no nos daba, y bueno, ahí, de esas dos palabras surge la confusión, sobre todo para muchos NTs ajenos al colectivo.


Tengamos en cuenta que hay dos grandes confederaciones, la confederación Asperger España y la confederación autismo España…cosa que hace parecer que son cosas diferentes, cuando en realidad parte de los mismo. Con todo ello, lo de tener dos palabras y dos confederaciones se cae mucho más en la confusión de los términos.


Otro tema también importante recae en la propia figura del antiguo médico austriaco Hans Asperger, que si era un nazi, que si experimentó con niños judíos, toda una leyenda negra cae en las sombras de esa persona y afecta por tanto a quienes fuimos diagnosticados con su apellido.


Cabe recordar que ser nazi en Alemania o Austria en el siglo pasado no se tenía como placer o como ideología, sino como obligación, bajo pena de caer encarcelado o fusilado, etc. por lo tanto no podemos culpar a Hans Asperger de ser nazi dada la época y el país donde vivió.


Lo que sí podemos hacer nosotros, los autistas, es elegir como nos queremos autodenominar, y aquí no creo que jamás haya consenso.


Yo me autodenomino autista, la palabra Asperger nunca me ha gustado, ni aspie, ni aspergiano, etc. me suenan mal o que tienen mala rima.


Otras formas de autodenominarnos son los conceptos de ser autista o tener autismo, la pieza de puzzle o el lazo multicolor, condición o trastorno, etc., etc., pero como tal esos temas deberíamos tratarlos entre la comunidad autista y no dejarle ese lugar a los neurotípicos que están fuera del colectivo, como los psicólogos o psiquiatras que no tienen familiares autistas.


Pues al final el modo de empoderarnos comienza con la autodenominación y para ellos hay que tener las cosas claras y usar las palabras adecuadas.





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