El ADN puede dar pistas sobre los niveles de oxitocina en los autistas


Buscando conexiones: Los niveles de oxitocina en sangre podrían estar relacionados con algunas variantes genéticas, pero se necesitan más datos para confirmar las asociaciones./ Cortesía de KTSDESIGN / Getty images



POR PETER HESS

Fuente: Spectrum | 30/06/2022

Fotografía: Spectrum



Las variantes de secuencia en múltiples genes relacionados con el autismo muestran asociaciones con los niveles de oxitocina en sangre en personas autistas, según un estudio no publicado


Las variantes de secuencia en múltiples genes relacionados con el autismo muestran asociaciones con los niveles de oxitocina en sangre en personas autistas, según un estudio no publicado. Aunque el estudio es demasiado pequeño para descifrar por completo esas relaciones, su comprensión podría ayudar a identificar a los autistas que probablemente se beneficien del tratamiento con la hormona y a enriquecer los futuros ensayos clínicos con esos respondedores, dicen los investigadores.


El equipo responsable de la preimpresión se propuso explicar por qué un aerosol nasal de oxitocina no había conseguido mejorar los comportamientos sociales en niños y adolescentes con autismo en un ensayo de fase 3 de gran repercusión que publicaron el año pasado.


"Estábamos razonablemente seguros de que tendría cierta eficacia, así que nos sentimos un poco escarmentados por el hecho de que no alcanzara su objetivo principal", dice Simon Gregory, profesor de neurología, genética molecular y biología molecular en la Universidad de Duke en Durham, Carolina del Norte, que codirigió el ensayo clínico.


Un análisis de seguimiento de las muestras de sangre de 286 de los 290 participantes en el ensayo demostró que hasta 14 variantes del ADN, denominadas polimorfismos de un solo nucleótido (SNP), están relacionadas con las diferencias individuales en los niveles plasmáticos de oxitocina. Cinco de las variantes se encontraron en o cerca de uno de los dos genes relacionados con el autismo: RBFOX1 y DLGAP2.


Los niveles de oxitocina también se relacionaron con otros seis SNP en 494 genes que desempeñan un papel en las vías de señalización de la oxitocina o que se expresan en regiones del cerebro implicadas en dicha señalización, incluido un SNP en el gen candidato al autismo PRKCB.


Cada uno de estos SNP representa una pequeña cantidad de variación en los niveles de oxitocina, dice Gregory. "No es que un SNP prediga dos o tres veces los niveles de oxitocina en plasma, pero sigue siendo informativo".


Ninguna de las asociaciones que el equipo identificó alcanzó la significación en todo el genoma, un estricto umbral estadístico.


"Siempre que se analicen miles de SNP, se encontrará algo", dice Larry Young, director del Centro de Neurociencia Social Traslacional de la Universidad de Emory en Atlanta (Georgia), que no participó en el ensayo clínico ni en el nuevo estudio. Dice que aún no está convencido de que la predisposición genética explique las variaciones en los niveles de oxitocina o en la probabilidad de que una persona responda al tratamiento con oxitocina.


La significación a nivel de todo el genoma no garantizaría que los SNP estén relacionados con los niveles de oxitocina, pero ayudaría a defenderse de los problemas de reproducibilidad observados en algunos estudios anteriores, afirma Jakob Grove, profesor asociado de biomedicina en la Universidad de Aarhus (Dinamarca), que no participó en el ensayo ni en el nuevo estudio.


"Pero los efectos tendrían que ser extremadamente grandes para alcanzar la significación en todo el genoma en un estudio de este tamaño", afirma. Los estudios de asociación de todo el genoma suelen incluir miles de participantes. "Así que necesitamos ver esto hecho en una muestra mucho más grande para hacer la llamada".


En particular, el nuevo análisis no replicó estudios anteriores que habían vinculado variantes en o cerca de los genes de la oxitocina y el receptor de oxitocina -OXT y OXTR, respectivamente- con los niveles de oxitocina en plasma.


"Esto indica que las variantes en el gen de la oxitocina en sí pueden no contribuir a las concentraciones periféricas de oxitocina", afirma Daniel Quintana, investigador principal de psiquiatría biológica de la Universidad de Oslo (Noruega), que no participó en ninguno de los dos estudios.


El trabajo se subió a medRxiv en mayo.


Además, el nivel de oxitocina en la sangre de una persona puede no reflejar el de su sistema nervioso central, ya que los patrones de liberación de oxitocina en el cerebro y en la sangre pueden funcionar de forma independiente, señala Quintana. "Es posible que un conjunto diferente de variantes genéticas se asocie con las concentraciones de oxitocina en el cerebro, lo que es más relevante para entender el comportamiento y la cognición". Pero la medición directa de la oxitocina en el cerebro requiere la recogida de líquido cefalorraquídeo mediante una punción lumbar, una técnica invasiva que no es práctica para hacer a gran escala.


El número relativamente pequeño de participantes en el nuevo estudio limita las conclusiones que pueden extraerse de sus datos genéticos, afirma Gregory. Pero a pesar de eso y del fracaso del ensayo clínico, dice que ve una promesa en la oxitocina y espera que ésta y otras investigaciones posteriores la mantengan como una posible vía de tratamiento para el autismo y otras afecciones.


"No me gustaría que un ensayo negativo acabara con el campo, porque todavía creo que la oxitocina tiene recorrido", dice Gregory. "Podría ser que no sea un fármaco que haya que utilizar por sí mismo".


En consonancia con esta idea, emparejar el spray nasal de oxitocina con interacciones sociales positivas mejoró significativamente varias medidas de la sociabilidad de los niños autistas, según demostró un pequeño ensayo controlado con placebo publicado en mayo.


Cite este artículo: https://doi.org/10.53053/ADVN3198



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