La maldita incertidumbre por el COVID

Actualizado: 17 de sep de 2020




POR IGNACIO PANTOJA

Fuente: Autismo en vivo

Fotografía: Pixabay

La incertidumbre aterra a cualquiera, pero mucho más a las personas que, necesariamente, deben tener una estructura programada para poder vivir.


Como persona autista tengo una inmensa necesidad de saber la exactitud de lo que va a ocurrir.

Si van a haber clases presenciales, si van a haber exámenes en septiembre, si volveré a ver a mis compañeros.

¿Qué voy a hacer el curso que viene?

¿Me podré adaptar a la modalidad on line de la carrera o acabaré derrumbado?

No se puede pedir certidumbre cuando cada día hay cientos de contagios nuevos, pero como autista, necesito tener algo claro y esto me está matando.

¿Qué puedo hacer?

Ojalá tuviese una varita o una lámpara mágica para poder adivinar el futuro, pero la realidad no funciona así.

Por ello cada día de este verano 2020, bueno, cada día después de ese 9 de marzo de 2020 en el que Ayuso y Aguado cerraron las universidades está generando en mí unos quebraderos de cabeza impresionantes.

¿Qué va a ocurrirme?

Deseo cuanto antes que lleguen las Navidades, deseo si Dios quiere, poder despedirme de algunos compañeros y poder volver a verlos para acabar con dignidad esas relaciones.

Todos me da miedo, dolor y ansiedad.

Desearía que no hubiese sucedido esto, necesito arreglar mi vida y continuar con tranquilidad la universidad.

¿Es esto un problema más del autismo?

La incertidumbre, el no saber de mis compañeros, de mis asignaturas, el no poder organizarme la vida de manera normal.

Necesito comprensión.

Necesito ayuda.

Porque necesito tranquilidad y paz para vivir y eso solo se consigue sabiendo, al menos, un poco del futuro.


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