Mi vida en la facultad de farmacia




POR IGNACIO PANTOJA

Fuente: Autismo en vivo | 28/08/2021

Fotografía: Ignacio Pantoja



El lunes 6 de septiembre empezaré mi sexto año en esta facultad, lo que es mi segunda carrera, con 37 años.


De momento, on line.


El año pasado, el curso 20-21 fue también on line.


Haciendo memoria de lo que han sido, por lo menos los 4 primeros cursos, pues la verdad me he sentido muy triste.


Es cierto que cuando empecé tenía 32 años y mis compañeros 19, siempre he creído que la amistad no conoce fronteras de edad, pero lo cierto es que, cuando me he intentado integrar o les he pedido si querían quedar conmigo o conocerme, me he encontrado con una negativa total y absoluta por parte de la mayoría, cosa que me ha hecho sentir muy muy solo.


Estos años han sido terriblemente difíciles, no solo por la pandemia, en realidad fue todo antes de que la palabra “covid-19” llegase a nuestras vidas.


Cuando la facultad estaba abierta, previamente antes de la pandemia, solía ir en el metro pero, como he escrito anteriormente en otro artículo, me era insoportable y al final en el centro base de discapacidad me dieron la tarjeta de movilidad reducida para que mis padres me pudiesen acercar y traer de la universidad, no solamente porque el metro me generase demasiada ansiedad, sino porque en la facultad tenía verdadero miedo.


La facultad de farmacia para mí siempre ha sido un sitio hostil, no solo no he conseguido integrarme sino que, además, he tenido miedo de demasiada gente, cuando las personas no han sido ofensivas verbalmente conmigo, han sido totalmente indiferentes.


Es cierto que no siempre ha sido así, ha habido algunas personas que sí se han acercado a mí, muy pocas, pero tengo que reconocerlo, hemos tenido poca relación pero me han ayudado y eso me ha aliviado mucho.


Siendo TEA y teniendo 13 años más que ellos, me ha sido imposible o prácticamente imposible hacer amigos allí y siempre he notado que me miraban de mala manera y eso me ha hecho sentir mucho miedo, a veces una sensación de mucha angustia y pánico.


En las redes sociales como wasap, donde se me da mejor la comunicación, con la mayoría de mis compañeros no ha habido manera de poder establecer vínculos, la mayoría me contestaba poco o no me contestaba, o se quejaban de que les hablase mucho y eso me dejaba muy dolido y asustado.

Mientras tanto, mi labor de concienciación del autismo ha seguido adelante y cada vez con más fuerza, he escrito tantos artículos y los he pasado, he salido en la TV, he escrito un libro y la asociación autismo España me ha dado un premio al mejor TEActivista de España.


Pero por mucho que me esforzase no ha servido en el terreno de la universidad, quizá sí con algunos profesores que me han llegado a entender, pero por decir, regalé 7 libros a 7 compañeros de la universidad para que me comprendieran. Pero no sirvió de mucho y en algunos casos acabé fuertemente rechazado y bloqueado de las redes sociales por una de las personas que había aceptado mi libro regalado y dedicado, después de asustarme diciéndome que no me acercase a ella y que la dejase en paz… cosa que me dejó muy traumatizado y triste, y muy hundido durante varios meses.


Y es que convencer a la sociedad neurotípica de que alguien tiene necesidades especiales, de que le hace falta apoyo, de intentarlo continuamente, porque llegué a realizar una charla sobre TEA en la propia facultad y darse de golpes contra una pared, lleva a las ideas de querer quitarse del mundo.


Y mientras escribo estas líneas me siento demasiado triste y deprimido, agradezco que la facultad siga cerrada porque ir allí y ver a la gente joven relacionarse y yo solo, me da ganas de llorar y llorar.


La verdad, tengo 37 años, desde que empecé con 32 he sido muchísimo mayor que ellos, pero hubiese agradecido infinitamente poder haber hecho amigos allí y haberme sentido arropado, me quedo con un dolor muy profundo y muy grande.


Cambiar la sociedad neurotípica es imposible, sobre todo porque ellos no quieren.



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