Paciencia




POR GABRIEL MARIA PÉREZ

Presidente UNIVERS AGATHA AUTISME

Fuente: Autismo en vivo / Barcelona, 25/10/2020

Fotografía: Univers Àgatha Autisme

Experiencias de Gabriel, padre de una chica con autismo, en primerísima persona.

Parece mentira que hace tan solo unos días yo hablara sobre la calma de mi hija con autismo comparándola con otros casos de autismo en los que los individuos se autolesionan, sufren episodios epilépticos, etc.

Alabé, y continúo haciéndolo, faltaría más, a las mamás azules que dedican todo el tiempo y amor posible a estos seres tan especiales.

Pero las paradojas se cumplen y esta vez le ha tocado a mi hija entrar en crisis, lo que arrastra a quienes la rodean en la misma.

Gritos, golpes, un no parar arriba abajo de la casa, gruñidos y muy poco dormir con sus consecuencias.

Y el insomnio se contagia, y los nervios aumentan, y hay que ir a trabajar con una fatiga cargante.

Días de pelos de punta, aunque tenemos la "suerte" de poder llevarla a un centro de día, pese a las pésimas ayudas oficiales, y gracias a estas horas que pasa en el mismo, poder sobrevivir al día a día.

Estos días, que pueden durar semanas o meses, son los que dan valor a tu vida, si no acabas con un verdadero ataque de ansiedad, así como da cuenta de cómo se puede querer a alguien que no te sabe transmitir con palabras lo que le pasa, lo que le duele, aunque probablemente ni ella misma lo sepa.

Cuesta mucho ver a tu hija así, no sabes si está sufriendo de dolor o si simplemente es una reacción a algún cambio de hábitos, de escuela, de estación, de día... y estas últimas cuestiones son las que nos preguntamos los que convivimos con ella.

"Quizás le duele algo, dale un paracetamol", "a lo mejor tiene esto... " "a lo mejor tiene esto otro... "

"¡Para de dar golpes, por favor!" "¡No grites, por favor!" "¿Qué te pasa bonita?" "¿nos abrazamos?"

"¡Venga, vamos a la cama de nuevo!" "¿Otra vez te levantas?" "¡Si es muy temprano aún!"

Y así pueden pasar horas, días, semanas e incluso meses, y esa incertidumbre te va minando.

Y esperas que llegue el día en que le baje la intensidad, se acabe la crisis y recupere esa sonrisa luminosa.

Siempre recuerdo una frase de un viejo amigo que decía:

"En esta vida se aprende a esperar pero nunca tienes toda la paciencia para hacerlo"

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